Como ya dijeran los holandeses en el llamado milagro de Empel: tal parece que Dios es español. España ganó el mundial sin ser la favorita. Eso ha supuesto un golpe en el corazón de varios jugadores. Cuando no esperas nada y te encuentras un milagro así, eres más agradecido. Y esperas que hay gestos que dicen mucho más que un discurso entero. El pasado domingo, tras proclamarse campeona del mundo, la selección española nos dejó uno de ellos. En medio de la euforia, de las cámaras y de la gloria, varios leí protagonistas, entre ellos Rodri y Luis de la Fuente, dirigieron públicamente su gratitud a Dios. Sin complejos. Sin pedir perdón por creer. Sin esconder aquello que consideran lo más importante de sus vidas.
Hace unos días, un amigo me contó cómo conoció a la que hoy es su novia. Mientras me relataba aquellos primeros encuentros, hubo un detalle que se quedó grabado en mi corazón.
Es muy interesante ver cómo en USA están apareciendo muchas iniciativas de ciudadanos con el fin de difundir la fe y la doctrina cristiana. El Colson Center es un exponente de este proceso, que se centra en la Biblia, porque si bien tiene sus raíces en el luteranismo, está abierto a todos los hombres. Católicos que bien podrían inspirarse en sus métodos y estrategias de difusión y formación en la fe, adaptándo el modelo USA a las propias circunstancias culturales y sociales.
Monseñor Argüello recordó una de las sentencias políticas más célebres de San Agustín: cuando la justicia desaparece, el Estado corre el riesgo de convertirse en una gran banda de ladrones. Remató con un “a las pruebas me remito”.
Hay palabras que, con el paso del tiempo, parecen haber perdido parte de su significado. Una de ellas es "alegría". Vivimos rodeados de mensajes que nos invitan a buscarla de manera inmediata, casi como si fuera un producto de consumo.
El pasado 11 de junio, un gran acontecimiento hay que agradecer en el contexto del gran resurgimiento de la fe en USA. Ofrecemos abajo la traducción del artículo de Stephen White, publicado en The Catholic Thing.
Hay quien pensará que la noticia de estos días es una excomunión. Pero no, hoy la noticia es otra. La Fraternidad San Vicente Ferrer ha dado un paso al frente para decir alto y claro que la tradición no necesita romper con Roma para seguir siendo tradición.
Este artículo resume y comenta las informaciones facilitadas por kla. Se trata de una organización de periodismo investigativo muy conocida sobre todo en Alemania.
Hay personas que desaparecen de nuestra vida en cuanto llega la primera diferencia seria. Como si querer de verdad consistiera en pensar siempre igual. La historia de san Pedro y san Pablo demuestra exactamente lo contrario.
No sé si se han enterado, pero ayer un sacerdote influencer, muy conocido en redes sociales, dejó el sacerdocio para comenzar una nueva vida y formar una familia.
En Francia, el debate sobre la eutanasia se ha vuelto a quedar en punto muerto. La Asamblea Nacional Francesa aprueba, el Senado frena, y el país sigue sin dar un paso definitivo. A primera vista puede parecer bloqueo político o simplemente una incapacidad para llegar a un acuerdo, pero también puede leerse de otra manera...
Ofrecemos una recensión resumida del artículo de Samuel Trizuljak Publicado en Catholic Things, USA, el 8 de mayo de 2026, citando en parte sus textos.
Hay quienes llevan años anunciando la muerte de la fe en España. Luego llega Pentecostés, se abren los caminos de Andalucía y cientos de miles de personas marchan hacia la Virgen del Rocío, o a cualquier romería de la Virgen de su pueblo.
El cardenal José Cobo ha llamado a “superar la polarización y apostar por el bien común” en una entrevista concedida a Religión Digital. La frase, tomada en sí misma, resulta difícilmente discutible. La Iglesia y la sociedad española necesitan menos bloques enfrentados, menos etiquetas automáticas y mayor disposición a escuchar a quien piensa de otra manera. Hasta ahí, nada que objetar.
Una recuerda perfectamente aquellas imágenes de la JMJ de Madrid. Filas interminables de jóvenes esperando para confesarse bajo el sol de agosto en el parque de El Retiro. Sacerdotes de medio mundo atendiendo en distintos idiomas. Confesionarios llenos hasta la noche. Gente arrodillada. Silencio. Penitencia. Absolución. Iglesia Católica en estado puro.
La semana pasada, durante una conversación con un sacerdote, escuché una afirmación que me sorprendió profundamente. No porque encerrara una gran novedad teológica, sino porque contenía una verdad tan evidente que a menudo pasa desapercibida. “En la Iglesia estamos los más necesitados”.
El 8 de septiembre de 1943 Italia se derrumbó militarmente y los alemanes ocuparon Roma, transformando la ciudad eterna en una capital bajo administración nazi. Poco después, las autoridades alemanas exigieron a la comunidad judía de Roma la entrega de 50 kilos de oro bajo amenaza de deportación, un preludio del horror que estaba por venir.
Desde pequeño he tenido la inmensa suerte de recibir una sólida formación cristiana. Crecí escuchando hablar de las grandes llamadas que Dios puede hacer al corazón humano: el matrimonio, la vida consagrada, el sacerdocio e incluso la vocación a la soltería.
La reciente tensión verbal entre Donald Trump y León XIV ha vuelto a poner sobre la mesa una confusión recurrente: la tentación de leer el Evangelio con las gafas de la política interna de Estados Unidos.
Querido Monseñor Elizalde:
Hay escenas eclesiales que parecen salidas de la pluma de alguien con memoria de sacristía, oído atento y cierta dosis de mala intención. Dos sacerdotes presentan una carta en nombre de 52 colegas. Solo dos firman. Los otros 50 permanecen en esa práctica pastoral tan frecuente en ciertos círculos: presencia real, pero cuidadosamente invisible.
Hace años el Occidente cristiano está luchando contra los planes maléficos de la Agenda de Davos 2030, en la que tienen la voz cantante las sociedades secretas.
En marzo de 2019, el Papa Francisco dejó caer una frase que en su momento sonó casi a reproche y que, con el paso del tiempo, ha ido adquiriendo un aire de diagnóstico certero. Condicionaba su visita a España a que “nos pusiéramos de acuerdo”, a que hubiera cierta paz entre nosotros.
Hay una escena que se repite con una fidelidad casi litúrgica: un hombre —podría ser cualquiera— se sienta un momento, desbloquea el móvil "solo para ver una cosa" y, sin saber muy bien cómo, lleva diez minutos deslizando el dedo. No buscaba nada concreto. Pero encuentra siempre lo mismo.
La nota "Cor ad cor loquitur" de la Conferencia Episcopal Española ha puesto el dedo en una llaga muy actual: confundir emoción con voluntad de Dios.
En alguna mesa de despacho eclesial alguien debió de pensar que faltaba un concepto capaz de abrazarlo todo: la fe, la familia, el reciclaje, la economía doméstica, la moral sexual, la cesta de la compra y, si se tercia, el uso razonable del autobús. Y apareció la fórmula mágica: ecología integral. Suena bien. Muy redondo. Tan redondo que dentro cabe casi cualquier cosa.
